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Pablo Matamoros: “Es trivial generar la imagen o la voz de una persona diciendo algo que nunca dijo, y en política eso ya no es una hipótesis”

Pablo Matamoros: “Es trivial generar la imagen o la voz de una persona diciendo algo que nunca dijo, y en política eso ya no es una hipótesis”

El experto en comunicación política analizó cómo la inteligencia artificial está transformando las campañas, la producción de contenidos y el debate público, al tiempo que advierte sobre los riesgos asociados a la desinformación, los deepfakes y la pérdida de confianza en lo verdadero.

La inteligencia artificial está modificando rápidamente la forma de hacer política. La producción masiva de contenidos, el análisis de discursos, la segmentación de audiencias y la posibilidad de crear imágenes o voces sintéticas están abriendo nuevas oportunidades, pero también importantes desafíos para las campañas y la conversación pública.

En entrevista con FactorFuturo, Pablo Matamoros abordó el impacto de estas herramientas en la comunicación política, el debilitamiento de los intermediarios tradicionales y los riesgos que plantea un escenario donde producir información es cada vez más fácil, mientras distinguir entre lo verdadero y lo artificial se vuelve más complejo.

¿Cómo está cambiando la inteligencia artificial la forma de hacer política?

La IA llega encima de un cambio que ya venía de antes. Las redes nos desintermediaron: debilitaron a los partidos, a las juntas de vecinos y a los medios como filtro. Los algoritmos, por su parte, fragmentaron a la sociedad en nichos que no se hablan entre sí. En ese escenario el ataque rinde más que la propuesta, y la velocidad borra el contexto. Yo lo llamo brutalismo y puntalismo comunicacional.

La IA acelera todo eso. Producir dejó de ser escaso. Una sola persona hace en una tarde lo que antes exigía un equipo con video, datos y textos. Además se abre un campo de batalla nuevo. El posicionamiento ya no se juega en salir primero en Google, sino en el párrafo que la IA presenta como un hecho consolidado. Quien logre influir en esos resúmenes va a tener un poder enorme, y una operación cognitiva contra un partido ya ni siquiera necesita un argumento, le basta con instalar un párrafo. Por último, se rompió el límite entre lo verdadero y lo real.

“El problema de fondo no es la tecnología, sino la arquitectura del debate. En «Detrás del ataque» encontramos que hubo más agresividad en los debates en vivo que en redes, que predomina el ataque indirecto y que más ataques no se traducen en más votos“.

¿Qué usos concretos de la IA están realizando actualmente los partidos y candidatos?

Veo tres grupos de usos como la producción masiva de contenido. Textos, piezas gráficas, video, voz y avatares a costo casi cero. Sirven para alimentar cada nicho, y la lógica que manda es la de la cuña para redes; el análisis e inteligencia. Se usa para leer discursos, narrativas y audiencias, y para hipersegmentar. En nuestro estudio de la U. Central codificamos con IA cerca de 900 mensajes negativos de los debates presidenciales. Lo que antes tomaba dos meses quedaba listo una hora después del debate, siempre con validación humana; y la clonación de voz y de imagen, deepfakes, operaciones cognitivas y propaganda. Hoy es trivial generar la imagen o la voz de una persona diciendo algo que nunca dijo, y en política eso ya no es una hipótesis.

¿La IA está ayudando a mejorar el debate político o simplemente permite producir más contenido?

Hoy sirve sobre todo para producir más. Permite tener alcance sin tener contenido, entrar sin nada que decir. Lo escaso ya no es producir, sino saber qué decir, a quién, y quién responde por lo que se dice.

El problema de fondo no es la tecnología, sino la arquitectura del debate. En «Detrás del ataque» encontramos que hubo más agresividad en los debates en vivo que en redes, que predomina el ataque indirecto y que más ataques no se traducen en más votos. La IA es de doble filo, ya que acelera la desinformación, pero también permite verificar, analizar y entender narrativas con una profundidad que antes no teníamos. Que mejore el debate depende de quién la usa y con qué criterio.

¿Existe el riesgo de que las redes sociales se llenen de mensajes políticos artificiales, repetitivos o poco auténticos?

Ese riesgo ya se materializó. Desde hace un tiempo, una conversación como esta perfectamente podría ser con un bot. Desinformar sale casi gratis.

Lo más grave, eso sí, no es que la gente crea lo falso, sino que deje de creer lo verdadero. Se instala una duda por defecto que va escalando, donde uno va de la duda a la incertidumbre, luego a la conspiración y al final al miedo. Me pasó a mí, porque me bajé de un avión, vi la noticia del atentado a Trump y pensé que era IA. No lo era.

Frente a eso, la respuesta pasa por volver a medios donde un ser humano firma y responde; desarrollar juicio crítico; incluso tomar medidas domésticas. Con mi señora tenemos una palabra clave que solo sabemos los dos. También veo cansancio en las nuevas generaciones. Eso abre una oportunidad para volver a la conversación cara a cara.

¿Qué sanciones deberían aplicarse cuando un contenido sintético busca engañar deliberadamente a los votantes?

El principio es que se puede delegar el trabajo, pero no la responsabilidad. La Corte de Apelaciones multó a un abogado que citó un fallo inventado por la IA. La máquina no pagó la multa, la pagaron las personas que firmaron el escrito. En política debe ser igual, donde responde quien encarga, firma o difunde, no la herramienta.

Además, la ley va siempre detrás. Cuando se alcanza a legislar, el modelo ya cambió, y el propio AI Act europeo se está quedando obsoleto. Por eso conviene regular principios y responsabilidades, no tecnologías. La responsabilidad tiene que ser compartida entre plataformas, Estados y actores públicos. También hay que definir la responsabilidad por daños de los sistemas autónomos y los límites de las plataformas.

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