El director de IndraMind Cybersecurity Chile aborda los principales desafíos que enfrenta el país ante el aumento de las amenazas digitales, el avance de la inteligencia artificial y la necesidad de proteger infraestructuras críticas y servicios esenciales.
La ciberseguridad dejó de ser un asunto limitado a las áreas tecnológicas de las organizaciones. La creciente digitalización, el uso de inteligencia artificial y una mayor dependencia de sistemas conectados han instalado nuevos desafíos para empresas, instituciones públicas y servicios esenciales.
En ese escenario, conceptos como continuidad operacional, ciberresiliencia, infraestructura crítica y soberanía digital comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la discusión.
En conversación con FactorFuturo, Pedro Gallardo, director de IndraMind Cybersecurity Chile, analiza la evolución de las amenazas digitales, los desafíos que enfrentan las empresas y el rol que tendrán la inteligencia artificial, la regulación y la colaboración público-privada durante los próximos años.
¿Cómo ha evolucionado la ciberseguridad en Chile durante los últimos años?
La ciberseguridad pasó de ser un tema técnico a una conversación de negocio y de país. Hoy no afecta solo a los sistemas: un incidente puede detener una operación, interrumpir un servicio, dañar la confianza de clientes y ciudadanos y, en casos extremos, comprometer la continuidad de servicios esenciales e incluso la integridad de las personas. En Chile y en la región vemos amenazas más frecuentes y mejor preparadas, desde fraudes digitales y robo de credenciales hasta ransomware y ataques a infraestructura crítica. La pregunta para una organización ya no es si puede recibir un intento de ataque, sino cuánto demora en detectarlo, cómo responde y qué tan rápido puede volver a operar.
¿Qué tan expuestas están hoy las empresas chilenas frente a los ciberataques?
Ninguna empresa está fuera del radar. Las grandes organizaciones suelen ser más visibles, pero las pequeñas y medianas empresas también representan un objetivo atractivo para los ciberdelincuentes, ya que muchas veces cuentan con menores niveles de monitoreo, menos recursos o planes de respuesta menos maduros.
Además, las pymes cumplen un rol clave dentro de la cadena de suministro. En muchos casos son proveedores o terceros que prestan servicios a compañías de mayor tamaño, por lo que un ciberataque que afecte a una de ellas puede terminar escalando e impactando a toda la organización. Como solemos decir en ciberseguridad, la cadena de suministro es tan fuerte como su eslabón más débil.
Por eso es importante dejar de entender la ciberseguridad únicamente como una barrera tecnológica. Se trata de una capacidad esencial para garantizar la continuidad operacional, identificando los activos críticos, detectando amenazas a tiempo, respondiendo de manera coordinada y recuperando los servicios con rapidez.
¿Qué rol juega la inteligencia artificial en la ciberseguridad?
La inteligencia artificial ayuda a proteger mejor: permite analizar grandes volúmenes de señales, identificar comportamientos anómalos, priorizar alertas y acelerar la respuesta. Pero también la usan los atacantes para hacer fraudes más creíbles, automatizar campañas y personalizar engaños. El punto no es demonizar la IA, sino gobernarla bien: datos protegidos, trazabilidad, supervisión humana y seguridad incorporada desde el diseño.
¿Qué riesgos aumentan durante eventos masivos de compras online como CyberDay?
En fechas de alto consumo se juntan tres factores: más tráfico, apuro por comprar y muchas promociones circulando. Eso abre espacio para sitios falsos, phishing, suplantación de marcas y robo de datos de pago.
La recomendación práctica es entrar escribiendo la dirección oficial, desconfiar de ofertas demasiado buenas, revisar el dominio y evitar compras desde enlaces enviados por redes sociales o mensajería.
¿Cómo puede una persona identificar un sitio fraudulento?
Hay señales simples: dirección web extraña o con una letra cambiada, faltas de ortografía, precios fuera de mercado, ausencia de datos de contacto, medios de pago poco habituales o formularios que piden más información de la necesaria. Un minuto de verificación suele ser la diferencia entre una compra segura y una estafa.
¿Chile está preparado para enfrentar ciberataques a infraestructura crítica?
Chile ha avanzado en conciencia, regulación y coordinación, pero la infraestructura crítica exige preparación permanente. Energía, minería, salud, transporte, telecomunicaciones, banca y servicios públicos dependen de sistemas conectados. En este ámbito no basta reaccionar. Hay que monitorear, probar planes de crisis, entrenar equipos y coordinarse con el ecosistema público-privado. Un incidente puede pasar de un problema tecnológico a un problema de continuidad de servicios.
¿Qué impacto tiene la nueva Ley Marco de Ciberseguridad?
La Ley Marco ordena la conversación: lleva la ciberseguridad al nivel de directorios, gerencias y responsables de servicio, no solo al área técnica. Su mayor efecto es cultural. Obliga a mirar riesgos, responsabilidades, reportes y continuidad operacional de manera más estructurada. Cumplir la norma es un punto de partida; la madurez viene cuando la seguridad se integra a decisiones, procesos y hábitos.
¿Cuáles son las tendencias que marcarán la ciberseguridad en los próximos años?
Veremos ataques cada vez más automatizados, un mayor uso de la inteligencia artificial tanto por parte de los defensores como de los ciberdelincuentes, una creciente presión sobre las infraestructuras críticas, mayores riesgos asociados a los entornos híbridos y en la nube, y una regulación cada vez más exigente.
Al mismo tiempo, avanzaremos hacia un modelo de ciberseguridad inteligente, donde la inteligencia artificial se integrará de forma creciente en las soluciones de seguridad para anticipar amenazas, analizar grandes volúmenes de información, detectar comportamientos anómalos y acelerar la respuesta frente a incidentes. El desafío será aprovechar estas capacidades de forma responsable, con una adecuada gobernanza y supervisión humana.
También veremos una mayor adopción de modelos preventivos, como Zero Trust, Security by Design, el monitoreo continuo de la exposición al riesgo y la automatización de las operaciones de seguridad. El objetivo ya no será únicamente evitar incidentes, sino fortalecer la resiliencia y garantizar la continuidad operacional de las organizaciones.




