La transición hacia las energías renovables abre oportunidades económicas para Chile, pero también enfrenta desafíos relacionados con los costos de la electricidad, la tramitación de proyectos y el vertimiento de energía. De esta manera, el experto en energías renovables analiza el escenario y plantea que el almacenamiento energético será uno de los elementos relevantes para avanzar en este proceso.
Nuestro país avanza en un proceso de transición energética que implica una mayor incorporación de energías renovables y nuevas inversiones en el sector. Sin embargo, este proceso también enfrenta dificultades, por ejemplo, los tiempos de tramitación de los proyectos energéticos, las evaluaciones ambientales, eventuales judicializaciones y el vertimiento de energía renovable que no logra ingresar al sistema eléctrico.
En este contexto, Felipe de la Fuente, ingeniero en Energía y Sustentabilidad Ambiental y creador de la plataforma de difusión macroeconómica en Instagram conocida como “Economía con Pipe”, aborda el impacto económico que podría generar la transición energética, las posibilidades de reducir los costos de electricidad y los sectores productivos que podrían verse beneficiados.
—¿Qué impacto económico puede tener la transición hacia energías renovables en Chile durante los próximos diez años?
La transición energética en Chile la podemos ver desde dos perspectivas en su impacto económico. En ningún caso a diez años, porque no hay una estimación formal pública, pero sí podemos analizarlo desde el quinquenio 2026-2030, como muy bien lo hizo la Corporación de Bienes de Capital de Chile.
De una inversión proyectada de US$95.000 millones entre seis sectores económicos, para el sector energético se proyecta una inversión en cinco años de aproximadamente US$21.000 millones, lo que anualmente se traduce en más de US$4.000 millones o, en términos relativos, en el 1,4% del PIB al año como contribución.
Y, si a eso le complementamos que el Banco Central agrupa el sector energético con el agua, el gas y la gestión de residuos, que representan un 2,1% del PIB, el sector energético corresponde a dos terceras partes de este grupo. Esto puede ser un gran empuje a la actividad económica si se siguen impulsando más proyectos y se sigue inyectando más capital para proyectos de energía, tanto capital nacional como inversión extranjera directa.
—¿La energía renovable puede traducirse efectivamente en menores costos para hogares y empresas?
Para el caso de las personas es un poco más complicado porque, hoy en día, las personas naturales pagamos una tarifa regulada como clientes regulados y, por lo tanto, no negociamos los precios de la energía, sino que se la pagamos a las empresas distribuidoras. Por eso tenemos mayores restricciones en ese sentido.
Lo que paguemos de energía va a depender de los costos de generación, transmisión y distribución de la electricidad, principalmente de generación y distribución, que son los mayores componentes de la tarifa de electricidad en Chile.
Si bien, aproximadamente desde el año 2005, los contratos de energías renovables han bajado los costos de la energía y, por lo tanto, los precios de la tarifa, no ha sido suficiente para paliar los altos costos que implican los contratos con las fuentes fósiles. Por tanto, la clave va a ser renegociar los contratos fósiles entre el Estado y las empresas generadoras para buscar, de alguna forma, una reducción significativa de las tarifas para las personas naturales.
—¿Cuáles son hoy las principales barreras económicas para acelerar la transición energética?
Sobre las barreras económicas, mencionaría dos principales. La primera es la permisología. Hoy en día los proyectos de inversión en energía se demoran entre dos años y medio y cuatro años, si es que no más, por la tramitación de los permisos sectoriales, la evaluación ambiental y las posibles judicializaciones por parte de organizaciones de la sociedad civil contra las empresas que tienen estos proyectos de inversión.
Entonces, hoy en día creo que el primer desafío es reducir la tramitación de los proyectos de inversión y buscar mecanismos de eficiencia en la judicialización de estos proyectos energéticos.
En segundo lugar, y conectado con el primer punto, está el vertimiento de energía renovable. Hoy en día, se sobregeneran aproximadamente 6.000 gigawatts por hora de energía renovable. Se sobregenera porque esa energía no se ocupa y, por lo tanto, se pierde al no entrar al sistema.
Esto provoca una reducción significativa de los costos marginales, al punto de llegar a cero. Por lo tanto, los ingresos también van a ser cero o cercanos a cero, generando una crisis –sobre todo en las pequeñas y medianas empresas generadoras de electricidad— y también se va trasladando a las grandes generadoras.
Una gran solución va en torno a los sistemas de almacenamiento de energía, los sistemas BESS, pero esto también tiene que venir acompañado de la reducción de la permisología y una aceleración urgente en la tramitación y proposición de proyectos de inversión para sistemas de almacenamiento.
—Se dice que solicitar u obligar a las empresas a tomar medidas que beneficien al medioambiente puede desincentivarlas a invertir. ¿Es cierto? ¿A largo plazo es más beneficioso o perjudicial?
En el caso de las empresas, sí pueden optar a ser clientes libres. Básicamente, pueden negociar los precios y las condiciones de los contratos con las empresas generadoras de electricidad.
Por lo tanto, pueden constituir un ahorro de entre un 20% y un 30% de sus costos en materia de energía y, por tanto, también se cae el mito de que invertir en energías renovables puede significar mayores costos para la empresa. Eso no es así, dadas estas cifras de ahorro.
—¿Qué sectores productivos podrían beneficiarse más de una energía más limpia y competitiva?
Sobre los sectores productivos más beneficiados, sin duda, la minería es la gran beneficiada porque puede reducir significativamente sus costos por el uso de energías renovables. Como cliente libre, puede reducir entre un 20% y un 30%, o un poco más, sus costos al negociar los precios con las empresas generadoras de electricidad.
Otros sectores productivos son la industria manufacturera y, además, hoy en día el sector de logística está incursionando en el uso de energías renovables. Por ejemplo, haciendo que su centro de distribución principal use energías renovables.
Entonces, hay una transición energética de los distintos sectores productivos, partiendo con la minería y después el resto, que pueden verse beneficiados con este traspaso de ser clientes regulados o de que una parte de su operación pase de una tarifa regulada a una tarifa negociada con la generadora.




